Brexit duro en el horizonte

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Tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea y la apertura del periodo transitorio, parecía que el futuro de ambos territorios se iba a discutir en un marco de amplia colaboración. Así, el pasado marzo se acordó un borrador con las bases de la nueva relación, en una pretensión clara de mantenimiento de la buena vecindad y relaciones de cooperación entre las dos partes.

No obstante, esta voluntad de entendimiento ha ido debilitándose con el paso del tiempo y, actualmente, podemos decir que las negociaciones se encuentran en un punto crítico. El detonante de esta situación ha sido el respaldo del Parlamento Británico al proyecto de Ley del mercado interno de Reino Unido, impulsada por el primer ministro británico, en el que se cuestionarían varias disposiciones del Acuerdo de retirada firmado en su día.

En opinión de los negociadores de la Unión Europea, la aprobación definitiva de la Ley conllevaría incumplimientos por parte de Reino Unido de cláusulas fundamentales del Acuerdo de retirada, en particular, la obligación de implementación del Protocolo de Irlanda del Norte que la Unión Europea considera una parte innegociable del Acuerdo, a tal punto, que han recordado al ejecutivo británico que el Acuerdo de retirada contiene un número de mecanismos y medidas legales para responder a una violación de las obligaciones del mismo y que la Unión Europea no dudará en utilizarlas.

Este clima de confrontación, unido a la situación actual de la pandemia y la falta de tiempo para llegar a un acuerdo en las negociaciones, hace que la idea de un Brexit duro, a partir del 1 de enero de 2021, cobre más fuerza que nunca.

Una salida sin ningún tipo de acuerdo tendría un impacto muy relevante en los intercambios comerciales de mercancías entre ambos territorios, que quedarían sometidos a las tarifas arancelarias en el marco general de la Organización Mundial del Comercio, debiendo atenerse su movimiento a las formalidades y restricciones aduaneras propias de los intercambios entre la Unión Europea y terceros países.

En este sentido, estos intercambios se verían afectados por los llamados controles en frontera fiscales y no fiscales, entre otros; sanitarios, farmacéuticos, fitosanitarios o veterinarios, que supondrían un posible aumento en los costes logísticos de los operadores como consecuencia del incremento del tiempo de llegada de las mercancías a su destino.

También existirían consecuencias a los efectos de otros impuestos de fuente comunitaria, como el Impuesto sobre el Valor Añadido o los Impuestos Especiales, siendo de especial relevancia la desaparición del régimen intracomunitario en el envío de bienes entre ambos territorios, pasando a ser tratadas estas operaciones como operaciones de comercio exterior.

Tampoco debemos olvidar que un Brexit duro, obligaría a ambas jurisdicciones a un procedimiento de desconexión de los sistemas informáticos actuales, que resultan clave en cuanto a la eficiencia y control de las operaciones comerciales entre ambos territorios.

Teniendo en cuenta el entorno económico y social, pandemia incluida, no parece que la posición más razonable por parte del Gobierno de Boris Johnson sea blindar la suerte del Brexit a la aprobación de una Ley que dará lugar a un laberinto de interminables discusiones en la Cámara de los Comunes, reproduciendo situaciones ya vividas hace un año. Desde la propia Unión Europea, se espera que el ejecutivo británico reconsidere su posición y pueda reconducir su postura actual a la senda de entendimiento inicial.

En definitiva, tanto las oportunidades como el tiempo se acaban, y lo más recomendable sería encontrar el camino definitivo que fije las bases para tener una seguridad jurídica sobre el futuro inmediato que nos espera a británicos y europeos. En todo caso, sea cual sea el resultado de esta etapa final del Brexit, en los próximos tres meses nos toca prepararnos para un escenario novedoso e incierto, pero que en ningún caso debe resultar dramático y deberíamos tomar las medidas necesarias para afrontar con éxito este periodo de cambio, a pesar de las dificultades de distinta índole a las que nos enfrentamos en la actualidad.